Ando Opinando

Encuentra aquí voces que desde sus propias experiencias analizan, reflexionan y debaten sobre diversos acontecimientos, historias y fenómenos que desbordan nuestra cotidianidad.

Por Melina Peña.

Le han preguntado a una travesti qué es lo que le desborda y esto le ha significado una profunda introspección, una mirada tanto a su geografía como a su historia, porque nosotras sabemos lo que es hablar desde la cuerpa marcada por la experiencia, pero no deja de ser un desafío el escribirlo.

Somos pocas las que estamos conscientes del privilegio que nos significa el gritar a través de las letras, pocas somos las conscientes de cómo las letras están tomadas de la mano, unidas, tan distintas a nosotras, quienes hemos sido privadas de la unión. El verbo escribir es imperiosamente reemplazado por el verbo hablar; somos las viejas que inventamos la sobremesa, tenemos las cartas grabadas en las puntas de los dedos y éstos manchados por el tabaco interminable que nos refugia del otro e incluso de nosotras mismas.

Puedo hablar de mi geografía, pero lo hago con temor a que sea esto una expedición, una conquista de este terreno virgen, un desgarro a este velo a medio fabricar. Desbordan de mí los vellos rizados, blandos y duros, que escapan de tu ideal, cliente, de Mujer. Vellos y cicatrices que pueblan y pintan la larga franja de tierra que son mis piernas, alcanzando hasta mi espalda, la que tanto te gustaría que fuera lisa como una pared, como un muro de lamentos, en el que puedas esconderte y redimir la culpa tras cada embestida que me das por el ano, ese que con torpe anhelo deseo asemejar a una vagina para tu saciedad, para que al voltearme caigas en la cuenta que bajo el monte de venus escondo el mismo pene que guardas ya en mi boca, ya en mis entrañas. Este es mi regalo. Lo que las diosas me otorgaron para confundirte y atemorizarte, para que dejes de interpretarnos a tu sexo, a mí y a mis compañeras, quienes tendemos a caer en esta cárcel que tú llamaste “Mujer” y que, tontamente, una y otra vez nos vemos presas tras los barrotes que nos coarta el deseo, el actuar, e incluso el amar. Querido, déjame decirte que hemos encontrado la llave del grillete y de la reja. Nos hiciste creer que tú la tenías, y por eso revisábamos tus bolsillos con las manos esperanzadas y tomábamos todo, menos la llave. Esta pieza de metal siempre la tuvimos nosotras.

Al salir, dimos cuenta de que éramos nosotras las aurigas de la carroza. Al mirar atrás, con dolor y sin asombro, dimos cuenta de que esta era otra de tus creaciones, otro dispositivo, de esta dictadura heterosexual, que has establecido y mantenido con tanto afán. La que tenía una abuela católica que nos contaba sobre la Biblia mientras fustigábamos a los caballos. En ella, nos relataba que Dios sacó de ti una costilla y creó a la Mujer, dejándote indefenso y siempre en busca de esta parte que se te arrebató. Una búsqueda que has llevado con tanto ímpetu, que has cegado, negado y olvidado que ésta estuvo dentro de ti y no en otro trozo de carne al que miras como maniquí en vitrina. ¿Por qué gustas tanto en mí el rojo pasión de mis labios, lo afilado de mis tacos y el brillo de mi negro vestido? ¿Por qué no te montas tú y me dejas a mí tranquila? Pues necesitamos avanzar y querer. Querido, déjame decirte que la Mujer ya no existe. Nunca tuvo que existir. Dicen algunas que el futuro es Mujer; decimos nosotras, entonces, que el futuro no existe y que el momento es ahora. Has cavado nuestra tumba durante tantos años. Hoy toca a nosotras enterrarte a ti junto a los caballos.

¿Que qué es lo que me desborda? Déjame contestarte entre humo, para que no me veas. Para que no distingas la máscara de tu asesina, pues quiero que distingas mis palabras y mi voz. Mi último grito. Me desborda este régimen político al que me han pedido acatar. Este régimen político que nos ha engañado con un marketing propiciado por el capitalismo que apela a la visibilidad de gente “enferma”, pues es eso lo que se piensa de las transgénero. Has enfermado cuerpas sanas con tu ansia normalizadora, infestadas de tanta gragea para acatar tu mandato, convirtiéndose en muñecas para tu indolora satisfacción y sádico juego. De la misma forma has decretado “¡enfermedad!” en otras cuerpas improductivas, las que has encerrado entre paredes blancas que descascaran impureza, mientras desde adentro gritan “¡pureza!”.

Ni hablar de las travestis; sólo somos morbo, degeneración y deseo. Transiciones incompletas e inoperantes, desbordantes de tu sistema binario. Miramos desde una vereda, y también desde la mitad de la calle, a la disidencia ¿Homosexuales o gais? Diría yo Hombres, al fin y al cabo. Alineados a ti, servidores de ti, al igual que las tenedoras más no poseedoras de sus vaginas, pues se las han arrebatado, quienes aún están presas en la Mujer. Heterosexualidad inherente.

Ilustración por Jihrecr.

Tu dictadura heterosexual ha privado a mí y a mis compañeras de poder ser amadas por todas y todos esos que vienen a refugiarse en este seno inexistente o de silicona, a aferrarse a este vientre sin frutos, por miedo. Miedo extendido incluso en aquellos que van con bandera de discursillo cómodo, que viéndose enfrentados y minorizados cuando llegamos a sus mejillas, a sus labios, jadeantes de amor, sedientas de carne, tiemblan. Tiemblan de miedo a ser vistos, a ser juzgados, a ser castigados ¿Recuerdan “por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa”? Continuaba la nieta de la Católica; pues bien, eso sienten antes de llevar a cabo el deseo, al estar accionándolo y al consumarlo. Hemos tenido que aprender a lidiar con este velo que tiran sobre nosotras con el fin de escondernos. Ahogadas por el velo, gritamos, y nuestra vociferación sopla el velo hasta el cielo, y se pierde.

Seres amables de ser amados. Eso somos. Pero tú has establecido reglas, policía y juez, para impedirnos amar y dejar que otras y otros nos amen. Debíamos, entonces, ejercer desde lo prohibido y lo oculto, pero ¿Cuándo, así, la alteridad iba a sentir como lo prohibido y lo oculto? Sólo han aprendido a desearlo, pues saben que tu mano paternalista es dura y castigadora, y que puedes así cometer ablación y castración, si llegase alguno a escapar de tu ojo, y a sentir desde nuestra vereda… Pero habemos madres en esta carroza, querido. Madres que hemos renunciado a serlo bajo tu concepto de Madre, otra de tus cárceles. De esas que abrazamos y contenemos, de las que nos alegramos y lloramos, de las incondicionales y luchadoras, de las que sentimos de manera desbordante, de las que sabemos de tus límites y cómo cruzarlos aguerridamente ¿Temías cruzarte con la cabeza de la Medusa? Tenemos sus ojos, la mirada mortífera petrificadora, y en las manos, arco y flecha.

Somos las travestis, las lesbianas, las madres, las locas, las histéricas, las no-mujeres, las silenciadas, las putas, las cercenadas, las muertas, las vivas, quienes vamos en esta carroza, armadas de valor, de amor, de historia y de geografía quienes derrocarán tu dictadura sexual. Somos las que gritaremos con desgarro “¡Ya cayó, ya cayó!”. Besando, tocando, acariciando, abrazando, conteniendo, cogiendo y queriendo a los que has privado de nosotras. Porque mientras vamos en esta carroza, vamos urdiendo el tejido de nuestro amor como primera estrategia en tu contra.

Y caerás. Caerás por nuestro empuje o por tu propio peso, pero caerás. Sólo espero, mientras cubro mis manos con magnesia, que justo antes de tu abismante caída, tomes cuenta de cuánto daño y dolor has causado, pues la razón de este viaje es tu reflexión, así como nosotras hemos pensado en base a nuestro sentir, querido.

Ha cesado el escurrir de mis manos al ser cubiertas por el polvo que aferrará el arma a éstas y las hendiduras de las puntas de mis dedos producidas por el telar hacen que encajen con las manos de mis compañeras. Estamos preparadas, seguras de nuestro amor. Llevamos seguras de él la eternidad. Tiembla, ya no nos podrás separar ni detener. Los caballos resuellan al trote. Las ruedas de la carroza dejan fresco rastro en la tierra, guiadas por las herraduras del pasado, marcando así el camino a seguir de las que han partido, las que están y a las que llegarán.

Frases

“Un cambio social real nunca ha sido llevado a cabo sin una revolución… Revolución no es sino el pensamiento llevado a la acción.”
-Emma Goldman