Ando Opinando

Encuentra aquí voces que desde sus propias experiencias analizan, reflexionan y debaten sobre diversos acontecimientos, historias y fenómenos que desbordan nuestra cotidianidad.

Por Constanza Soad, parte de la Coordinadora 8 de Marzo.

Hemos venido siendo testigos y protagonistas de algo que se ha configurado desde hace un tiempo: la palabra feminismo ya no habita tan sólo en bocas de unas cuantas. El feminismo se ha transformado en un punto de fuga política que se entre-abre-cierra mientras surgen nuevas posiciones e identidades.

Simultáneamente, los medios de comunicación y de gobierno disputan el alcance y el carácter del conflicto, y como siempre son rápidos en eso. Noticieros y redes sociales: el sentido común se entrelaza con los discursos de quienes entran en escena hablando por y para las mujeres, al parecer “la vida de las mujeres se ha convertido en un asunto político” (1) y eso lo leen muy bien. El gobierno proclama una profundización neoliberal en el contexto del movimiento feminista: mayor precarización de las vidas, criminalización social y vigilancia policial en ascenso (2).

El movimiento feminista no sólo está ocupando un lugar contingente asociado a la violencia cotidiana y estructural que denuncian las mujeres, además, se ha convertido en un agente articulador de diversos conflictos sociales aparentemente sueltos y disgregados. Se ha transformado en portador de una potencia movilizadora que promueve un desacato al orden de las relaciones sociales construidas sobre la idea del ser hombres o ser mujeres. El feminismo ha venido a interpelar las formas en que nos relacionamos, lo que deseamos, lo que consumimos, cómo amamos, los roles que cumplimos en el cotidiano y las normas de comportamiento materializadas en la familia, en la crianza, en el espacio educacional, en las relaciones labores, en las leyes, en el espacio público y en un sin fin de situaciones cotidianas e históricas.

Sin embargo, es fundamental, desde un punto de vista crítico, dar cuenta que el feminismo también está frente a un constante abismo político: se ha convertido en una palabra que puede ser dicha y dotada de contenido por cualquier actor. En ello, la histórica demanda por la igualdad de género se ha convertido en una latente zancadilla por parte de los medios y el poder, ya que por sí sola dicha demanda puede ser nombrada y ser vaciada de toda crítica social profunda. Aquello quedó en evidencia en los recientes discursos de Sebastián Piñera, quien exclama con una cínica vehemencia que “llegó el tiempo de cambiar esta historia, de recuperar el tiempo perdido y de iniciar una nueva etapa en la relación entre hombres y mujeres de nuestro país” (3).

En base a lo anterior, es importante tener en la mira que no basta con cuotas de género en espacios de poder, o de incluir divisiones de género en las instituciones, o con hablar a viva voz de igualdad salarial o de sugerir que las labores de crianza deban ser compartidas: nuestros actuales modos de vida se relacionan con profundos aspectos estructurales y de acumulación de capital propios de la sociedad chilena neoliberal, y desde ahí que se determina nuestro cotidiano de violencia y precarización. ¿Qué queremos?

"hoy paramos para que mañana podamos avanzar más rápido". Mujer con cartel en marcha 8 de marzo, Santiago.

El actuar político del movimiento feminista se construye en un proceso de disputa estratégica hacia posibles quehaceres comunes que pueden ser articulados, con el fin de irrumpir en los modos de reproducción de las relaciones sociales y de las condiciones de subsistencia de la vida. En ello, se torna necesario profundizar la perspectiva del conflicto más allá del género, aunque, por supuesto, sin desechar dicha mirada, pero visualizando de manera crítica que en la práctica la perspectiva de género, especialmente en la esfera institucional formal, ha venido planteando la salida al conflicto de las mujeres bajo mecanismos de gestión y administración calculadas en porcentajes de desigualdad del acceso a ciertos espacios de poder -cuotas y protocolos- que de manera procedimental no han logrado irrumpir en la estructura política productiva y reproductiva del conjunto social, estructura que hoy aún es profundizada y sostenida sobre hombros de mujeres precarizadas y sus familias. Claramente la vida de las mujeres hoy es muy distinta en cuanto a participación, pero ojo, que ha sido solo maquillaje: el neoliberalismo sigue avanzando velozmente.

Del conjunto de mujeres se apropia una mayor fuerza de trabajo -plusvalía-. Quizás pudiéramos decir que las más precarizadas son clases feminizadas, y no por la presencia exclusiva de mujeres, sino por el carácter composicional que toman hoy dichos grupos y el carácter del rol activo ellas ahí. Menores salarios por las mismas labores que realizan hombres; acceso a trabajos de mayor precarización y menor valorización; estar a cargo de labores de mantención cotidiana y cuidado de otras personas en el espacio privado-familiar, mayor cobro por servicios de salud y menores pensiones. Asociado a servidumbre y sometimiento sexual en muchos casos, castigo social por ser madres, dificultades para el mantenimiento económico del hogar y la crianza, violencia interpersonal en la calle, la cama, el hogar y las instituciones: son factores que determinan la realidad histórica de muchas mujeres, especialmente aquellas pertenecientes a sectores medios y populares.

Debido al rol social construido, las mujeres como conjunto se transforman en un engranaje fundamental en el funcionamiento y estructuración de la familia. Al mismo tiempo, las familias constituyen un entramado histórico de subsistencia -conservador- como unidad nuclear para el consumo y producción de los individuos que la componen; los individuos renuevan sus condiciones afectivas y de cuidados diariamente, permitiendo con ello su asistencia a los lugares de trabajo, establecimientos educativos, lugares de consumo, es decir, el diario vivir. Desde ahí que Sebastián Piñera hábilmente ejecuta una estrategia de gobierno que transforma el ‘Ministerio de Desarrollo Social’ al ‘Ministerio de la Familia y Desarrollo Social’, ello como un viraje de administración social enfocada en la familia como unidad fundamental y, por ende, en los roles sociales que deben cumplir sus miembros como tal. Él está observando el riesgo de descomposición de la familia como unidad sólida y, ante ello, debe implementarse una administración focalizada que interrumpa el riesgo.

No por nada Marx y Engels plantearon que parte de los factores principales del desarrollo histórico de las sociedades capitalistas era la constitución de la familia, considerando “que luego de que los individuos renuevan diariamente su propia vida -cuidado y autocuidado- comienzan al mismo tiempo a procrear a otros individuos -reproducción-”. Desde ahí se determinaría como tal “la relación entre hombre y mujer, entre padres e hijos, la familia”. Marx y Engels plantean que no se podría pensar de manera separada “la supresión de la economía” (campo político) sin la “supresión de la familia”. Plantean ello como algo “evidente por sí mismo” (4). La familia y su configuración es un campo de disputa social e ideológica, como el lugar de organización política nuclear y al mismo tiempo de mantenimiento de la vida.

Es tarea del movimiento feminista tomar de manera articulada las banderas de organización y protesta social en miras de un proceso que apunte a una Huelga General con carácter Feminista. Es importante abrir poco a poco las siguientes preguntas ¿Qué tareas nos permitirá construir una huelga? ¿Qué significa que sea una huelga de carácter feminista? ¿Quiénes habrían de paralizar y en qué tipo de actividad? ¿Cuáles son las formas que podría tomar la articulación de los conflictos sociales en este proceso? ¿De qué mecanismos disponemos para la reconfiguración de las relaciones sociales y el rol de las comunidades? ¿Cuáles son los motores que nos mueven y cómo se proyectan en el tiempo?

Hoy, desde el feminismo, hay más preguntas que respuestas: ahí está su potencia. La solidaridad y responsabilidad al momento de hacer política, junto con el hacerse parte de la construcción de quehaceres colectivos del movimiento que integren a quienes comienzan a organizarse en múltiples conflictividades, a las mujeres que hoy son sacudidas por el feminismo y a las organizaciones sociales en su conjunto, son factores que permiten hoy ampliar la posibilidad de proyección en miras de reconfigurar el campo político hacia nuevos escenarios que concatenen múltiples resistencias hacia la transformación profunda del conjunto de la sociedad.

 

(1) Cuenta pública popular feminista 1° junio. Por Coordinadora 8 de Marzo. https://bit.ly/2LixTYQ

(2) Nos precarizan la vida, les desordenamos la casa. Por Coordinadora 8 de Marzo. https://bit.ly/2LhOQCM

(3) Sebastián Piñera en Agenda Mujer (23 de mayo de 2018) y Cuenta Pública Presidencial (01 junio 2018).

(4) La Ideología Alemana, La ideología en general y la ideología alemana en particular. Karl Marx.

"La revolución será feminista o no será". Mujeres en marcha 8 de marzo Iquique, Chile.

Frases

“Un cambio social real nunca ha sido llevado a cabo sin una revolución… Revolución no es sino el pensamiento llevado a la acción.”
-Emma Goldman