Ando Opinando

Encuentra aquí voces que desde sus propias experiencias analizan, reflexionan y debaten sobre diversos acontecimientos, historias y fenómenos que desbordan nuestra cotidianidad.

Por Domingo A. Lovera Parmo, Profesor de Derecho UDP.

El derecho a la identidad tiene una directa relación con las vulneraciones que sufren muchas personas que se reconocen a sí mismas o son percibidas por otros como parte de alguna determinada categoría social expuesta a mayor vulnerabilidad: migrante, apátrida, refugiado, discapacitado, indígena, gay, lesbiana, trans, bisexual o intersex y, por cierto, niños, niñas y adolescentes.

En efecto, muchas veces las personas son castigadas por lo que ellos consideran su identidad, castigos que toman la forma de discriminación (exclusiones, distinciones o restricciones en el ejercicio de derechos) o de diversas manifestaciones de violencia (física, psicológica, verbal o incluso, institucional), cuestión que es especialmente grave en el caso de los niños, niñas y adolescentes. Debe recordarse, como se anota en el Preámbulo de la Convención de Derechos del Niño (CDN), que ellos y ellas, por su especial condición de vulnerabilidad, necesitan protección y cuidados especiales, no obstante son, a un tiempo, titulares de los mismos derechos que los adultos, con las precisiones que corresponden a su desarrollo y crecimiento.full art columna junio

En primer lugar, nuestra doctrina ha entendido – acertadamente – que el derecho a la identidad abarca dos dimensiones: (i) la de la constitución física de la persona, una, y (ii) la de la constitución psicológica-intelectual, la otra. En sentido similar se ha dicho que, dado que la identidad es una construcción permanente, que incorpora la trayectoria de la persona y sentido otorgado por el sujeto a su propia experiencia, no puede ser compartida. Cada actor construye su propia identidad, aunque pueda compartir historias, entornos y experiencias con otros miembros de los colectivos a los cuales pertenece, existiendo entonces tantas identidades como sujetos.

A lo anterior podemos agregar que la identidad es un concepto dinámico, que tiene que ver con el ser mismo de cada quien, como cada quien se ve y espera ser visto y reconocido por la sociedad, incluyendo todos los aspectos que forman la personalidad individual, sean estos estáticos o cambiantes y teniendo presente las interacciones sociales en que a cada individuo le toca participar.identidad de genero udp derecho desborde.cl

Su conexión con la dignidad personal, el fundamento de los derechos constitucionales, es innegable. La identidad evoca los conceptos que le son más propios –unicidad, desarrollo individual y estatus “o condición de ser reconocido por otros seres humanos” (Aldunate, 2008)–. De allí que, como se ha sugerido, la dignidad importe –ya prácticamente confundida con la identidad– poder “llevar a cabo, cada cual en su vida, un proyecto con impronta propia [lo que equivale a poder] realizarse como persona” (Cea, 2012). La dignidad permite tal realización. Esto lo advirtió, recientemente, la Corte Suprema, al sostener que el derecho a la identidad de género se encontraba recogido, además de en el derecho a la igualdad, en la dignidad “inherente a toda persona…” (Corte Suprema, Rol N° 38.238-16, 19 de diciembre de 2017, cons. 4° y 5°.)

Ahora bien, ¿por qué es importante el reconocimiento del derecho a la identidad y su protección? Porque la identidad implica el reconocimiento de la persona con su propia individualidad, de sus atributos y el aseguramiento de las condiciones que permitan el desarrollo de la misma resguardando de mejor manera las posibles vulneraciones de derechos. La identidad es, en este sentido, la marca de nuestros propios desarrollos y la carta de presentación de nuestra propia singularidad. La identidad personal es, finalmente, un complejo entramado de experiencias pasadas, acciones y decisiones previas, y otras no elegidas, que nos permiten decir “este soy yo, no puedo ser otro” (Raz 2004). Ese entramado de factores nos da forma y significado y por ello son, sobre todo, “determinantes de nuestra individualidad” (Raz 2004). 

Por supuesto que el reconocimiento de la identidad no se agota en su dimensión puramente individual, sino que posee, además, una cara colectiva (pública) de crucial importancia. Así, el reconocimiento y protección de la identidad personal es de especial importancia en el contexto de sociedades plurales cuyas bases constitucionales, como la chilena, no se erigen sobre una determinada concepción comprensiva del bien; sino que, todo lo contrario, se construyen sobre la base de un pluralismo político que acepta, reconoce y protege las más diversas formas de vida.

Una comunidad política que hace lo contrario, esto es, una comunidad política que excluye a parte de sus miembros, que no les permite concurrir al espacio público provistos de sus propias experiencias y vivencias más íntimas, una comunidad que, a final de cuentas, distribuye derechos y responsabilidades solo permitiendo la aparición de algunas voces o de todas las voces, pero a condición que escondan o coloquen entre paréntesis aquello que las constituye como seres individuales y libres, es una sociedad que trata con desigual consideración y respeto a sus ciudadanos y ciudadanas. Una sociedad que se engaña y se presenta con una voz falsa.

Frases

“Un cambio social real nunca ha sido llevado a cabo sin una revolución… Revolución no es sino el pensamiento llevado a la acción.”
-Emma Goldman