Ando Opinando

Encuentra aquí voces que desde sus propias experiencias analizan, reflexionan y debaten sobre diversos acontecimientos, historias y fenómenos que desbordan nuestra cotidianidad.

Por Iris "Toli" Hernández, investigadora feminista.

Principios de los noventa. Algunas compañeras del ex Pedagógico, reaccionaron a las diferencias entre estudiantxs hombres y mujeres. No querían ocupar roles secundarios. No querían picar, ni cargar piedras. Tampoco llevar la ropa de muda para los compañeros encapuchados. No. Ellas querían poner sus propios términos en la calle. Lo intentaron y sus acciones tuvieron consecuencias: terminaron en “El Mercurio”, las apodaron “Las Cochinas” y en un libro las sindicaron como el primer grupo de acción directa que puso el tema de “género” en el cordón Macul con Grecia.

 

A ellas el Feminismo no las convocaba, pues eran cómplices burguesas del circo político postdictatorial. Así, más o menos, lo explicaban en sus fanzines. Como no les convocaba, nada supieron del tremendo debate que lo dividió en dos corrientes: Feminismo Institucional y Feminismo Autónomo. El institucional había ingresado al mundo estatal, validando así el horizonte neoliberal de la alegría que llegaba. Esto favoreció que sus puntos de vista fueran los únicos que reconocieran “Las Cochinas” que no hablaban de género, ni pretendían interlocutar con el estado. Es así como su postura “antiestadocapitalista” las definió en los ´90 como antifeministas.

La historia extra-sistémica de “Las Cochinas” late en mi cabeza como diferencia, como silencio construido activamente, como Otredad. Su corta existencia, es parte de la génesis de un sistema amplio de opresión que configura nuestro hoy. A casi veinticinco años de la inscripción de este grupo en el amplio conjunto de las historias invisibles de las “mujeres”, en plena Ola Feminista, es que re-pienso la trama que las silencia. Colaborar es mi deseo.

El desperdicio

Atrapadas por su contexto particular, “Las Cochinas” fueron silenciadas por el horizonte democrático de la época. Cualquiera que desafiara la re-tematización ciudadana hegemónica era desvinculada del mundo de las ideas/demandas visibles, así es que sus términos fueron borrados por la sobreposición de los contenidos validados como ejes libertarios. Emerge la paradoja: ¿si esa “democracia” venía a liberarnos por qué reprimía y ocultaba algunas voces?

En el marco feminista, lo anterior se precisa post Beijing ´95. En esa conferencia se extendió el uso de la categoría de “género” para reevaluar la sociedad y generar cambios a favor del progreso de las mujeres. Así se posicionó una noción de desarrollo con premisas capitalistas. O sea: no es que el género habilitara el desarrollo, fue la noción de desarrollo universal la que definió los contenidos del género. De allí que la paradoja se profundice, pues la borradura “democrática” de algunas voces, alimentó una noción de progreso que neoliberalizó las luchas de género.

Lo anterior, explica el antifeminismo de Las Cochinas. El feminismo institucional se sobrepuso al autónomo, por lo que fueron sus postulados los que llegaron al grupo. Sin conocer los planteamientos de la autonomía feminista no hubo acople de sus fuerzas contra la hegemonía “democrática”, cuyos mecanismos y procedimientos de participación solo calzaban con algunos grupos civiles. Sin profundizar, destaco que los marcos restringidos de lucha de “Las Cochinas” impidieron cultivar la posibilidad contrahegemónica que existía más allá de estos. Esta “ignorancia”, monopolizó el conocimiento y naturalizó la exclusión producida por la reinaguración de la “democracia”.

La “democracia” reactualizó un ejercicio asimétrico de poder. Impuso sus términos en alianza con una sociedad civil que al institucionalizarse los validó. Dichos términos devastaron la representatividad de autonomías diversas. Las mujeres, para este caso, en medio de la alineación de Chile a los ajustes y reajustes neoliberales recibieron la perspectiva de género como “la” única solución a sus problemas. Así, un tipo de feminismo concreta una exclusión interna y externa, pues produjo el desperdicio de voces Otras- “Las Cochinas”, por ejemplo-  que al igual que el feminismo autónomo, no se cuadraban con el proyecto estatal.

Divide y reinarás

Según la coherencia que establecen con sus términos, el estado prioriza o no algunas luchas. Refuerza divisiones sociales para preservar el dominio de su punto de vista a través de quienes representan lo priorizado. La correspondencia estado/movimiento social no desmonta los términos que excluyeron lo “no prioritario”, dividiendo a los grupos en los que constituyen o no dicha correspondencia. Este “divide y reinarás” se extiende al interior como ocurrió entre autonomía e Institucionalidad feminista y al exterior, más allá de “Las Cochinas”. Basta pensar en la explotación indígena operada por el “desarrollo”.

He aquí una dictadura represiva transformada en “democracia” represiva. Una “democracia” represiva es fascista, porque desaparece las luchas y voces que desestabilizan, por ejemplo, el orden capitalista. La institucionalidad feminista, desde esta perspectiva, colaboró con este modelo. No obstante, pienso en cómo colaboran las Otras de esta historia. “Las Cochinas” y la Autonomía Feminista coincidieron en la crítica anticapitalista y a la diferencia sexual. Sus mecanismos eran distintos. Las primeras se plegaban al movimiento social de grupos excluidxs; las segundas, al menos las voces chilenas más articuladas, impulsaron la no participación en la cultura patriarcal. Esto es interesante en el marco de opresión racista.

Las luchas de los movimientos indígenas son relevantes, pero ninguno de estos grupos, al menos en el Chile de la época, asumió una postura deliberadamente a favor. Hay varias explicaciones que aplican a este contexto, yo destaco la mención fascista realizada. Una, porque el antirracismo es una de las luchas anticapitalistas más potentes, dos, porque su exclusión es producto de un espiral de opresiones vinculada a los imaginarios racistas del estado/nación reactualizados post dictadura. Allí sus voces una y otra vez serán borradas por la imposición de puntos de vista hegemónicos desarrollistas y también por grupos periferizados por ésta, pues sus perspectivas anticapitalistas no superan la idea racista de que el conocimiento occidental es el único qué, cómo y cuándo verdaderos.

Sintetizando: una realidad descompuesta en fragmentos facilita el control de su peligrosidad. Iluminar conexiones ocultas -como intento hacer entre autonomía e institucionalidad feminista, entre éstas y otras realidades que no se definen como tales- se dirige a no invisibilizar las mismas luchas silenciadas desde antes y en los noventa, una crucial etapa de reactualización colonial. También intenta concretar un principio feminista: comprender que la posición de privilegio de algunas se construye en directa relación con la subalternidad de Otras. En medio, de una felicidad legítima, es necesario considerarlo.

Una ola radical

Una lucha que “transforma” la realidad de las mujeres sin cuestionar los términos hegemónicos no es radical, pues opera sobre consecuencias y no sobre las causas que las originan. La ruptura feminista noventera, con base en lo comentado, estableció lo legítimo y lo ilegítimo limitándose a unas posibilidades que originariamente no le pertenecían. O sea: ingresaron a una discusión en donde expresaron sus puntos de vista, pero limitadas al marco ofrecido por la noción de desarrollo, es decir, no debatieron los preceptos impuestos por el poder. Más aún: ni la institucionalidad, ni “Las Cochinas”, ni el Feminismo autónomo contradijeron la episteme moderna, pues no incorporaron los saberes desechados por ésta, cuestión afincada en otra radical paradoja: un proyecto decimonónico independentista levantado a costa del genocidio indígena en Abya Yala.

Ese proyecto puso a un hombre blanco, burgués, hétero, a concretar la modernidad, desperdiciando y universalizando saberes, relaciones, productividades. La Modernidad se forja en la coacción que ejerció este conquistador sobre Abya Yala y sus diferencias. La racialización devaluó sus cuerpos y saberes. De allí la pregunta: ¿luchar con los saberes desechados o seguir atrapades por la Modernidad? No es sencillo, pero menciono dos vías: reconocer los límites del uso contrahegemónico de conceptos hegemónicos y construir condiciones para acceder a los saberes desechados. En este contexto, vuelvo al género.

La conquista impuso las características femeninas y masculinas, es decir, éstas son una instalación burguesa que no existía, al menos así, antes de esta etapa en el continente. Si este “género” define nuestra actual resistencia, podemos reafirmar un imaginario racista, revitalizando la división humana/no humano.  Los “humanxs” eran lxs conquistadores. Ellxs se relacionaban con base en estas características. Quienes no calzaban con ellas, no eran humanxs. Así, podemos pensar que las luchas de género nos descolonizan, pero también podemos pensar que no, pues su historia posee un carácter impositivo, que reactualiza la relación colonial entre lo que la Modernidad sigue definiendo como humanx o no.

Me explico: “Las Cochinas”, el Feminismo Autónomo”, las comunidades indígenas, afros representan cuerpos y saberes desechados. Éstos fueron construidos así no solo por ser hombres o mujeres, sino, por su raza, clase, sexualidad. Lo que es reconocido, debe destacar que sus opresiones no ocupan el mismo lugar. Las constantes imbricaciones que hace el poder siguen ocultando el lugar que ocupa lo occidental sobre lo no occidental, produciendo opresiones internas y externas, es decir, desperdicios y división. Las mujeres negras lo han explicado y podría ser, vale expresarlo, que allí en donde apuntemos sexismo volvamos a reproducir racismo.

Es complejo. De allí la importancia de encuentros que realicen una inflexión ética que entrecruce raza, género, sexualidad en función de la enunciación de lxs más desposeídxs, no con lógica de salvación, sino de reflexión en torno a experiencias vividas que desconocemos. No significa abandonar demandas, sino, fortalecerlas levantando preocupaciones comunes que incorporen lo no relevado con la potencia que se merece. Dicha inflexión, saca al género del centro para equilibrar su relación con otras variables de opresión. Este es un primer paso para usar conceptos hegemónicos, contrahegemónicamente y producir condiciones de encuentro simétricas que nos permitan acceder a saberes desechados. Elementos “olísticos”, profundizados, pueden servir a lo indicado.

1. La institucionalidad no define la agenda política como en los 90. El movimiento estudiantil hizo resurgir una lucha colectiva desvinculada de componentes privatistas/corporativos. Los saberes desperdiciados pueden revivir en su carácter “asambleístico”;

2. Distingo dos discursos recurrentes en tomas y paros en que he colaborado: no hablar por demandas Otras y la imposibilidad de hacerse cargo de todas las luchas. La no universalización de puntos de vista parciales, socava ideas de articulación frente a una misma opresión sostenida por términos hegemónicos blancos;

3. Lo anterior, puede posicionar el encuentro con la Otredad como eje de acción, destacando cómo aportamos a producirla e iluminando opresiones internas y externas;

4. Imbricar no se encarga de todas las luchas, sino que cruza el antisexismo, antirracismo, anticapitalismo, profundizando su respuesta. La voz de lxs más silenciadxs es vital y conlleva criticar la relación Occidente/No occidente. Los encuentros antirracistas en las tomas, pueden acercarnos a este análisis;

5. La escucha es semilla de encuentro con la Otredad. En las tomas develó experiencias, preocupaciones comunes, fortaleciendo la fuerza de lo ocultado por el poder. Así se impulsa identificar privilegios respecto de otrxs oprimidxs

6. El separatismo estratégico de las tomas, respondió a la imposición de términos masculinos. Esto favorece que nos veamos adentro de un marco específico de opresión, pero debemos vernos afuera y detectar como el racismo, clasismo, machismo habita en nosotras y en Otras disidencias; que, pese al machismo, muchas mujeres negras e indígenas luchan con los hombres lo que invita a reconocer sus genealogías. Si la democracia noventera, el desarrollo, la igualdad independentista excluyeron diversas voces, ¿será que nuestra liberación debe realizarse a costa de comunidades Otras –mujeres y hombres- cuyo nivel de opresión no es el mismo que el de mujeres blancas universitarias, por precarizadas que sean?

La Ola Feminista revitaliza el debate sobre éstos y otros temas, el referido a los hombres es complejísimo y no se zanjará en esta pasada. Si éstos logran verse como opresores, se impulsa un análisis complejo en torno al abandono de ese rol. Si lo hacen solos, con sus propios términos, es probable que reproduzcan la violencia en formatos hegemónicos más amables. Si lo hacen acompañados, se debe resguardar que el sexismo no oculte el racismo y el clasismo. Se aporta así a radicalizar la Ola. Radical, porque toca las causas, subvierte términos hegemónicos, tiene consciencia de los límites que le anteceden y por lo mismo sitúa su praxis más allá del género como centro de interpretación de la realidad.

Finalmente, destaco que luchas que desvinculen estas y otras ideas de las demandas visibles, dejan todo en el mismo lugar.

Frases

“Un cambio social real nunca ha sido llevado a cabo sin una revolución… Revolución no es sino el pensamiento llevado a la acción.”
-Emma Goldman