Ando Opinando

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Por Javier Zúñiga.

Bachelet-Piñera-Bachelet-Piñera ¿Bachelet? Lo que hasta hace un tiempo parecía una talla, una burla simpaticona al continuismo, al turnismo del bloque en el poder, hoy me empieza a preocupar. La ex presidenta sigue activa opinando sobre feminismo, lenguaje inclusivo, educación, salud, etc. Tantea, de a poquito busca un espacio y, aparentemente se lo está haciendo. Un camino que, sospecho, puede abrirle paso al ciclo electoral de 2022.

Alimenta esta impresión el que haya abierto la inauguración del simposio “La agenda 2030 como base de una agenda post neoliberal compartida por la centroizquierda”, el 3 de agosto pasado. En ella, expusieron destacados “progresistas” como Víctor Barrueto (PPD), Marcos Barraza (PC), Francisco Huenchumilla (DC), Paula Narváez (PS), Guido Girardi (PPD) y Jorge Sharp (MA – FA). Todo ello, la misma sintonía de las calculadas declaraciones de la ex mandataria sosteniendo que “mi país se convirtió en un experimento neoliberal”, en la que manifiesta su distancia con ese experimento. Al parecer, se comienza a construir un relato montado en la oposición neoliberalismo/progresismo. Aventurero, por decir lo menos, ya que Bachelet encarnó con vehemencia lo que Nancy Fraser llama el “neoliberalismo progresista”, la gestión del capital que reconoce mínimamente demandas sociales para luego cooptarlas.

Al lado de esta apuesta se encuentra la derecha. Ideológicamente diversa, con pugnas internas, pero sólida en un mandato único: Piñera entregará el gobierno a la derecha. Con ello, por ahora, están todos cuadrados (incluida la CPC y SOFOFA). Es el “Piñera-Aylwin”, de “acuerdos nacionales”, el estadista. Nada de tonto, sabe que no pude basar su gobierno en el rendimiento parlamentario (como la NM), pero aun así lo utiliza para viabilizar ajustes contra la clase trabajadora: Estatuto Laboral Joven, reforma a las pensiones, su propia agenda de género, modificación Servicios de Evaluación Impacto Ambiental, etc. A su vez, utilizando otras instituciones del Estado e impulsando la reforma laboral de Bachelet, acaba de quitar poder a los sindicatos rechazando, por vía Tribunal Constitucional y Dirección del Trabajo, la titularidad de estos para defender sus reivindicaciones.

Así las cosas, por sólo mencionar algunos ejemplos, la derecha entrega motivos para articular un “progresismo amplio” (Heraldo Muñoz) que sirva de garantía e instrumento de oposición que actúe unida y propositiva. A ese carro se estaría subiendo Bachelet y los sectores del Frente Amplio que no parecen incómodos en los códigos de la política intraelitaria. Ser la izquierda del centro o, más acorde a los tiempos, el ala zurda del progresismo.

Derecha v/s progresismo. Dos caras de una disputa interburguesa, intraelitaria, que concitan, no obstante, apoyos de la izquierda y sectores populares. Eso es innegable. El problema ocurre, a mi juicio, cuando asumimos como propios los términos de esta polarización, cuando se nos interpela cada cierto tiempo a optar como izquierda por una de estas formas en que se presenta la política. No se trata, por supuesto, de negar la realidad de corrientes progresistas y derechistas (nunca creí que Guillier y Piñera fueran lo mismo), sino en no reconocer en la disputa entre sectores capitalistas los signos de una debilidad o agotamiento en su capacidad de dirección política unitaria. Es un problema, pues obliga a limitarse al “todos contra” y, de facto, arrimarse a tal o cual corriente dentro de las tensiones interburguesas. Reproduce, por tanto, el “continuismo turnista”, el Bachelet-Piñera-Bachelet…

El problema estratégico para la izquierda pasa por romper los vínculos que subordinan a la clase trabajadora a la política de los capitalistas. Aquí es obvio que no se trata de voluntarismo, pues no es un asunto de sólo pretenderlo o decirlo, como tampoco es mantenerse puros, pero marginales. Es muy distinto sostener acuerdos (¡que no es lo mismo que una alianza!) con sectores progresistas en función de contener o prevenir giros autoritarios y represivos de la democracia, mantener activas políticas contra los ajustes en desfavor de la clase trabajadora, etc., que abonar el camino de la recomposición socioliberal (Cristina Fernández, Lula, López Obrador, ¿Bachelet?). Si la izquierda no camina con un programa que habilite lógicas anticapitalistas, que integre a la actividad política a más sectores de la clase trabajadora, contribuyendo a que esta se dote de organización y voluntad de decidir, es muy posible, como muestra América, que sea la comparsa impotente, instrumento de maniobra, de las disputas interburguesas

 

Frases

“Un cambio social real nunca ha sido llevado a cabo sin una revolución… Revolución no es sino el pensamiento llevado a la acción.”
-Emma Goldman