Cultura

La comunicadora participó por más de un año en el programa conducido por la comediante Natalia Valdebenito, del que también es panelista la periodista Alejandra Matus.

 Por desborde.cl

Este miércoles 16 de mayo, horas antes de que las estudiantes marcharan por una educación no sexista en el país, la comunicadora y filósofa de la Universidad Católica, Andrea Ocampo, se despidió del programa radial Café Con Nata transmitido a través de Súbela Radio.

Con un mensaje dirigido principalmente a las mujeres que se movilizan contra la violencia de género, Ocampo justificó su salida del programa por diferencias políticas y por razones de autocuidado. En su relato, compartido a micrófono abierto, la comunicadora saludó la lucha que llevan las mujeres a nivel nacional y reivindicó el feminismo como una necesidad en “este momento histórico”, aclarando que “no es un show, no vende nada, no tiene rostros porque no es una marca”.

Lee a continuación el texto completo de su despedida:

"Tomo el micrófono para despedirme de esta experiencia en la que aprendí muchas cosas acerca de la radio y del compañerismo. Algunas más exitosas que otras. Probablemente y en este contexto, esta sea la última vez que mi voz sonará por territorios que ni siquiera conozco. Dejo el panel feminista por diferencias que son -para mí- políticas y razones de autocuidado que exceden el espacio medial y que incluso se relacionan directamente con el momento que vivimos.

Las universitarias se están tomando el país, sus instituciones y están chocando con la misma institucionalidad, sin detenerse y con una fuerza que me para todos los pelos que no tengo depilados. Sabemos que estamos viviendo un momento histórico que sólo ha sido posible gracias al trabajo de muchas mujeres, de colectivos, organizaciones, familias, amigas, hermanas, madres y abuelas, la mayoría anónimas, la mayoría no aparece ni apareció en los instagram, ni en las listas de firmantes que apoyan el movimiento.

Mujeres sin nombre que han unido compromisos políticos entorno a la transformación del mundo mediante el ejercicio feminista. Porque esto del feminismo no es un discurso, es un ejercicio ético y real, del día a día, sobretodo en el conflicto. Decirlo es fácil cuando desconocemos esas memorias, invisibilizamos los sacrificios y desprecios, cuando no hemos leído ni tres libros y nos saboreamos desheredadas la efervescencia mediática sobre nuestras ideas. “La ola feminista” dicen por ahí. Yo pienso que más bien podríamos comprendernos como una marejada. Mi llamado, en todo caso, es a no perdernos en el espectáculo.

El feminismo no es un show, no vende nada, no tiene rostros porque no es una marca. Tal como yo les hablo a ustedes, ustedes cuentan con la confianza y el poder de representación sobre ustedes mismas, sobre una comunidad completa, transversal, intergeneracional, interracial incluso, que padece no solo la urgencia de nuevas políticas públicas entorno a la educación, a la salud, a la migración, a la cultura y la transformación social. Sino que hablamos de una fuerza, de un movimiento que necesita re pensarse, y digo esto, no solamente para conversar acerca de los abusos, de las frases atroces con la que nos han adiestrado en las universidades y colegios, sobre las muertes de mujeres y niñas a manos de asesinos, sino que también un espacio donde comunicarnos con otra de tú a tú, de un modo horizontal, donde nos contagiemos de la excepcionalidad del pensamiento, esa excepcionalidad que ocurre cuando imaginamos aquello que está por venir; incluso las dificultades que están por venir. Cuando urdimos estrategias colectivas.

El principal enemigo del movimiento actual, amigas, es el capitalismo, el mercado, la cooptación de los partidos políticos -incluyendo a la Nueva Mayoría- la espectacularización del feminismo gracias a la sobreexposición y caricaturización de su discurso. Donde el hembrismo queda a la par del machismo, donde una mirada fea es puesta al mismo nivel de una violación, donde todo me da lo mismo, con tal de aparecer y “yo veré lo que hago”. El egoísmo, el ego, deben quedarse afuera de las tomas, afuera de los colegios, afuera de los colectivos, afuera de los medios de comunicación feministas, afuera de los currículum. Esto no es por mi beneficio. Basta de reproducir el sentido común patriarcal y sus estereotipos de mujer, incluso el de la mujer feminista. Esto no es una tribu urbana, nadie es más o menos que otra. Eduquémonos no solamente leyendo las redes sociales. Pongamos nuestro trabajo en función de un movimiento y de causas que nos exceden, hagamos posible aquello que nunca pensamos realizar y preguntémonos cada vez que emprendemos algo ¿Para quién estoy trabajando? ¿Con quién estoy trabajando? ¿A quien le estoy hablando? ¿Desde dónde estoy sermonando? ¿Valgo más adentro o afuera de ese espacio? ¿Qué es lo que me corresponde hacer?

El ejercicio crítico debe ser autocrítico tanto online como offline. Internet, en ese sentido, también puede ser un enemigo del movimiento. Es un canal de comunicación que debiera ser usado para comunicar a la sociedad con ella misma y no para amplificar lo que “yo pienso” porque solamente “yo lo pienso así”. Soy nadie sin mis amigas feministas, soy nadie sin mis lealtades, mis rabias, mis gritos en la calle. Soy nadie sin las escolares que soy cuando leo sus historias de abuso. Soy nadie para decir qué es lo que está bien, pero sí soy alguien al momento de interpelar aquello que me hiere y que sé que está mal. El patriarcado se cuela en nuestro cuerpo y nos hiere incluso en el ejercicio del compañerismo. Ojo con eso, ojo con nosotras mismas.

Sabemos que estamos en posición de salir a batallar pero también de la urgencia de cuidarnos, no solamente en lo físico, sino que también en lo emocional. No podemos levantar las manos que nos servirán para después, si sabemos que al levantarlas nos las cortarán. Pienso en escribirles esto mientras subo a un colectivo a las once de la noche y veo como las rejas de contención de Avenida Grecia impiden que los perros se lancen a las ruedas. Las barras se suceden y en esa velocidad desaparecen una tras otra. Cada barra somos nosotras, somos la reja de un camino que, transitado a velocidad, nubla la vista pero nos protege al pasarla de largo. Esa velocidad es la historia y ningún barrote es más importante que el del lado. Todas, todos y todes cumplimos la misma función. Todas, todos y todes merecemos los mismos derechos. El feminismo, en ese sentido, es una lucha por la reivindicación de los derechos humanos no solamente de la población que tiene vagina, sino que de todos los cuerpos que habitan y quieren pensar su habitancia en un mundo justo, más libre, con memoria, con futuro.

Gracias a la Radio Súbela y a Natalia Valdebenito por permitirme despedir de ustedes. Gracias a los auditores por acompañarme en la acción judicial que inicié en febrero de este año y que aún no termina. Gracias a Alejandra Matus por enseñarme sobre el compañerismo, las distancias y la ética. Gracias universitarias por hacernos creer en otro país posible.

Nos vemos en otro momento, nos escuchamos desde otro espacio".

Escucha el podcast del programa aquí (desde el 1:24:00):

Frases

“Un cambio social real nunca ha sido llevado a cabo sin una revolución… Revolución no es sino el pensamiento llevado a la acción.”
-Emma Goldman